Iokin Zuloaga: "El sector avícola, uno de los grandes perjudicados"
Grupo AN
7 de junio, 2026
Preocupación en gran medida por la desigualdad que se da en cuanto a las normas de producción
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Iokin Zuloaga
Director del Área Cárnica del Grupo AN y vicepresidente de AVEC
Se ha cumplido un mes de la entrada en vigor del acuerdo entre la Unión Europea y los países de Mercosur y, como llevamos tiempo advirtiendo, el tratado va a suponer un gran perjuicio para el sector avícola europeo, en general, y para el español, en particular.
Por un lado, el acuerdo permite la entrada anual de 180.000 toneladas de carne avícola al mercado comunitario, con la repercusión que esto va a tener en la capacidad productiva de nuestro sector. La cifra equivale a la mitad de la producción de pechuga de un país como España, de manera que la afección va a ser muy importante. Nuestro país es el segundo mayor productor de la UE, por lo que esta pérdida de competitividad nos afectará de lleno.
Por otro, nos preocupa en gran medida la desigualdad que se da en cuanto a las normas de producción: en Europa hemos decido elevar los requerimientos a un nivel muy alto, el más alto en el mundo. Son términos con los cuales estoy muy de acuerdo. Cumplimos con unas exigencias muy estrictas en cuestiones como el cuidado veterinario, el uso de antibióticos, la garantía del bienestar animal, la necesidad de ser sostenibles o, por añadir un ejemplo más, las condiciones laborales de las personas que trabajan en el sector. Todo esto hace que nuestros productos pueden llegar a estar en torno a un 22 % más caros solo por el hecho de tener que cumplir con toda esta normativa de la que hemos decidido dotarnos.
No estamos en contra de esas normas, ni mucho menos, pero es muy fácil entender que lo lógico sería que se exijan también esas mismas condiciones a todos los productos que vengan de fuera a competir con los nuestros en los lineales. Sin embargo, estos requisitos no están garantizados en la carne importada y, además, existen dudas relevantes en materia sanitaria, especialmente sobre la vigilancia de la influenza aviar y el uso de métodos químicos de descontaminación que están prohibidos en la UE, por dar solo unos ejemplos.
Seguro que el acuerdo con Mercosur va a generar muchas oportunidades y beneficios para algunos sectores industriales como la automoción, pero está claro que, para el de la carne avícola de nuestro país, solo va a suponer una pérdida de competitividad, de seguridad alimentaria y de calidad para el consumidor.
Además, si añadimos que en Europa nos preocupan cuestiones como la autonomía energética y la autonomía en productos críticos como los medicamentos, ¿cómo es posible que no nos preocupemos por la autonomía de los productos que ponemos en nuestra mesa? ¿Cómo podemos renunciar a la seguridad alimentaria por un acuerdo en el que primamos, por ejemplo, a la industria de la automoción?
Mientras, siguen sin solucionarse algunos problemas clásicos
Todas estas circunstancias se suman a otras dificultades que, tradicionalmente, afectan negativamente al sector. Entre ellas, una de las que mayor preocupación genera, es la falta de relevo generacional. Los jóvenes no ven la avicultura como una actividad atractiva y no les falta razón.
Cuando se plantean comenzar en esta actividad, se encuentran con muchas trabas burocráticas y con la condición de tener que realizar un desembolso económico inicial que, en la gran mayoría de los casos, es disuasorio. Si queremos un sector y unos pueblos vivos, dinámicos, con futuro y alimentos sanos, las administraciones deben incentivar el que una persona joven emprenda un negocio en el entorno rural. Esa persona debería recibir algún tipo de apoyo asociado a la apuesta que realiza por incorporarse a una actividad en peligro de extinción, que genera riqueza en zonas vulnerables y que garantiza el futuro de una alimentación segura y saludable. Si no existe la voluntad de premiar a quien apuesta por algo así, al menos no debería ponérsele ninguna traba, pero la única manera de atraer a personas para el sector es garantizar la rentabilidad.
Si queremos que exista relevo generacional y que no haya despoblación, hay que lograr que una familia que pone una granja pueda tener el tamaño suficiente como para ganarse la vida y poder contratar a alguien para no tener que trabajar los 365 días del año.
La importancia de la imagen
A todo esto hay que añadirle un problema más que hace que el sector no resulte atractivo para quienes acceden al mercado laboral: es la mala imagen que tiene nuestra actividad, denostada muchas veces por grupos de interés que ofrecen una visión negativa, cuando no directamente falsa. Es vital poner en valor al sector ante la opinión pública. Se trata de una oportunidad que hemos perdido por dejar que sean personas de fuera del sector las que controlen el relato.
Por eso, es imprescindible recuperar ese liderazgo y comunicar todas lo cosas buenas que tiene esta actividad. Todos valoramos en positivo a un profesional de la medicina o a un deportista, y debemos conseguir que se nos aprecie de manera acorde a la importancia que tenemos para la sociedad: nos dedicamos a producir alimentos y no conseguimos que esto tenga el reconocimiento que se merece. Creo que desde las empresas y desde las administraciones tenemos que trabajar mucho para conseguirlo. Para empezar, por nuestra parte, las empresas productoras hemos acordado aportar fondos para sacar adelante la marca Aves de España: consiste en una campaña de comunicación para que quienes compran en el lineal sepan exactamente qué están adquiriendo y cuál es su procedencia. Luego, por supuesto, que elijan lo que quieran, pero nos parece importante que lo hagan teniendo toda la información posible.
A pesar de todo, tenemos confianza
Con este panorama, no parece haber muchos motivos para el optimismo, pero, aun así, confiamos en que la profesionalidad y la calidad que el sector avícola tiene en nuestro país sirvan para mantener la confianza que los consumidores tienen en nuestros productos. Hay datos que nos permiten conservar una actitud positiva: por ejemplo, que la carne de pollo es la proteína más consumida del mundo, por encima del huevo. Y, además, que el consumo de pollo se ha incrementado: según los datos de nuestros clientes, en torno a un 12 % en el último año. Como es bien sabido, se trata de una carne saludable, baja en grasas saturadas y rica en vitaminas y minerales, además de que es fácil de preparar y de que permite una gran versatilidad.
Queremos seguir trabajando y mejorando, queremos mantener la confianza en el futuro, pero para ello necesitamos el apoyo de las administraciones o, que al menos, no se nos perjudique beneficiando a los productos que vienen de fuera con menos garantías que los nuestros.
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