Foto: Victor Manuel Fuertes de la Vega. Objetivo 17 Alliance

Victor Manuel Fuertes de la Vega: "La transformación del sector ya no pasa solo por vender mejor, sino por medir, verificar e innovar"

Objetivo 17 Alliance

19 de julio, 2026

La charcutería vive un momento decisivo. Es un sector que combina tradición, oficio, territorio y cultura gastronómica



Victor Manuel Fuertes de la Vega
Fundador y socio de Objetivo 17 Alliance y director del área de sostenibilidad TRIPLE O.

La charcutería vive un momento decisivo. Es un sector que combina tradición, oficio, territorio y cultura gastronómica, pero que ya no puede sostener su futuro solo en la calidad del producto o en la fuerza de su identidad artesanal. Hoy, la sostenibilidad se ha convertido en una condición de competitividad, de acceso al mercado y de credibilidad empresarial. La celebración de CharcutExpo en Madrid, con más de 7.000 profesionales y más de 180 empresas expositoras, confirma que la charcutería quiere seguir siendo protagonista del debate sectorial. Y eso es una buena noticia, porque pocas veces una feria refleja tan bien la necesidad de mirar al futuro sin perder la esencia del oficio.

Durante años, hablar de sostenibilidad en alimentación parecía casi un asunto accesorio, reservado a grandes empresas o discursos institucionales. Sin embargo, esa etapa ha terminado. En la charcutería, donde la trazabilidad, la conservación, el embalaje y la logística forman parte del valor final del producto, cada decisión cuenta. Reducir consumos, optimizar procesos, disminuir mermas y elegir mejor los materiales (corregido "elegir mejores los materiales") ya no es solo una buena práctica: es una forma de hacer empresa con más inteligencia.

Además, el consumidor ha cambiado. Quiere producto de calidad, sí, pero también quiere saber de dónde viene, cómo se elabora, qué impacto tiene y qué compromisos asume la empresa que lo vende. La sostenibilidad ha dejado de ser un mensaje abstracto para convertirse en una expectativa concreta. Y en un sector tan ligado a la confianza como el de la charcutería, esta se construye con hechos verificables, no con declaraciones genéricas.

El peso de la regulación y la cadena de valor

El nuevo Real Decreto 214/2025 marca un antes y un después. La norma refuerza la obligación de calcular la huella de carbono y de elaborar planes de reducción (corregido "planos de reducción") para determinadas organizaciones, y además abre la puerta a la inscripción formal de eventos en el Registro de Huella de Carbono del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Este cambio tiene una lectura especialmente relevante para el sector agroalimentario. Aunque muchas pymes no están obligadas directamente, la presión ya está llegando por la cadena de valor: grandes empresas, distribuidores y clientes finales pedirán datos para poder completar sus propios informes, justificar sus compras y demostrar sus compromisos ambientales. En la práctica, eso significa que, desde el productor hasta el supermercado, habrá una demanda creciente de medición, trazabilidad y evidencia. Y ahí está la verdadera transformación: la sostenibilidad deja de ser una narrativa voluntaria para convertirse en un lenguaje común entre proveedores, marcas, retail y administración. Quien no mida, no podrá demostrar; y quien no pueda demostrar, tendrá más difícil competir.

A este marco regulatorio se suma una oportunidad estratégica: el PERTE Agroalimentario. Su objetivo es reforzar la cadena agroalimentaria con herramientas para afrontar los retos medioambientales, digitales, sociales y económicos de la próxima década, poniendo el acento en la competitividad, la sostenibilidad y la trazabilidad. Esto es especialmente importante para la charcutería, porque el sector no solo necesita cumplir más requisitos, sino también invertir mejor. El PERTE abre la puerta a proyectos de modernización, innovación e investigación que pueden ayudar a mejorar procesos, digitalizar operaciones, reforzar la seguridad alimentaria y avanzar hacia modelos de producción más eficientes. En otras palabras: la sostenibilidad también puede financiarse y acelerarse si la empresa sabe traducir su necesidad en un proyecto concreto.

Más allá del envase: eficiencia y resiliencia

En la charcutería, el debate sostenible no puede reducirse al envase, pero este es uno de sus grandes frentes. El sector necesita embalajes que protejan el producto, garanticen la seguridad alimentaria y, al mismo tiempo, reduzcan el impacto, el material y la complejidad. El reto no es menor: hay que innovar sin poner en riesgo la conservación ni la experiencia del consumidor.

Junto al packaging, aparecen otros grandes focos de mejora: eficiencia energética, consumo de agua, transporte, refrigeración, gestión de residuos y reducción de mermas. Todo esto afecta a la rentabilidad y también a la huella climática. En muchas empresas, una mejor organización de procesos puede traducirse en un ahorro económico inmediato y en una mejora ambiental medible. La clave está en entender que sostenibilidad y eficiencia no son conceptos opuestos, sino complementarios. Un negocio más eficiente suele ser también un negocio más resiliente. Y en un sector tan competitivo como el alimentario, la resiliencia marca la diferencia entre sobrevivir y liderar.

En este contexto, conviene ser muy claros: el mercado penaliza cada vez más los mensajes vacíos. El greenwashing ya no es solo una mala práctica reputacional; empieza (en minúscula) a ser un riesgo legal y comercial. Las afirmaciones ambientales deberán estar cada vez mejor sustentadas (corregido "cada vez mejores sustentadas") por datos, sistemas de verificación y metodologías reconocibles. Eso obliga a las empresas a dar un salto de madurez : no basta con decir que un producto es sostenible, ecológico o responsable ; hay que poder explicar por qué, con qué indicadores, bajo qué criterios y con qué evidencia. Ese cambio cultural es, probablemente, más importante que cualquier campaña de marketing.

El charcutero como prescriptor del cambio

En todo esto, la figura del charcutero merece una defensa especial. No es únicamente un vendedor o un prescriptor de producto: es un traductor entre la industria y el consumidor. Su capacidad para explicar el origen, la calidad, la conservación y, ahora también, la sostenibilidad del producto lo convierte en un agente clave del cambio. Cuando el charcutero incorpora argumentos de sostenibilidad, no está renunciando a la tradición; al contrario, la está fortaleciendo. Está demostrando que el oficio puede adaptarse sin perder autenticidad, que la excelencia también puede ser responsable y que el valor del producto no termina en el sabor, sino que se extiende a su forma de producirse, transportarse y comunicarse.

La experiencia demuestra que las empresas que avanzan con más rapidez en sostenibilidad son las que empiezan por medir. Medir consumos, emisiones, residuos, compras o impacto social no es un trámite burocrático: es el punto de partida para tomar mejores decisiones. Sin diagnóstico no hay estrategia; sin estrategia, la sostenibilidad se queda en intención.

Por eso, en sectores como la charcutería, la consultoría especializada gana relevancia. Las compañías necesitan apoyo técnico para interpretar la normativa, ordenar sus datos, definir indicadores, preparar planes de reducción (corregido "planos de reducción") y convertir todo ello en una ventaja competitiva real. En ese proceso, desde Objetivo 17 Alliance acompañamos a empresas y organizaciones que quieren pasar de la intención a la acción, con soluciones de sostenibilidad, verificación y comunicación rigurosa adaptadas a cada necesidad.

CharcutExpo llega en un momento ideal para lanzar este mensaje. La feria no solo debe mostrar producto, innovación y negocio; también puede convertirse en un escaparate de cómo la charcutería española y europea está asumiendo su responsabilidad ante el futuro. La sostenibilidad no resta identidad al sector: le da más solidez, más reputación y más capacidad de crecer en mercados exigentes. En definitiva, la gran oportunidad de la charcutería no está solo en vender mejor, sino en hacer mejor las cosas (corregido "hacer mejores las cosas"). Y eso implica producir con criterio, comunicar con honestidad y medir con rigor. La sostenibilidad ya no es una tendencia pasajera: es la nueva gramática de la competitividad.


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