La Escuela de Viena Capellanes: donde aprender a cocinar es aprender a vivir

Madrid Alimenta

13 de abril, 2026

Lucía Álvarez.
La Escuela de Viena Capellanes: donde aprender a cocinar es aprender a vivir

Desde 2013, este pequeño obrador escondido en la calle de Alcalá forma a niños, jubilados y directivos de empresa en el arte de la cocina y la pastelería
 

En la calle de Alcalá de Madrid, en una de las tiendas de Viena Capellanes, se esconde un espacio que, a primera vista, podría pasar desapercibido. Sin embargo, quienes lo conocen no suelen olvidarlo. La Escuela de Viena Capellanes lleva desde 2013 haciendo algo aparentemente sencillo y profundamente necesario: enseñar a cocinar. No como un trámite, sino como una experiencia.

"Somos como el hermano pequeño de Viena", explica Lucía Álvarez, Directora de la Escuela de Reposteria y Cocina, con una sonrisa que resume bien el espíritu del lugar. Un local de apenas doce plazas —capacidad máxima para sus clases— que sin embargo acumula más de una década de historia, alumnos fieles que repiten año tras año y una lista de espera para cursos que se llenan en cuestión de horas.

 

Una oferta para todos los gustos

La propuesta formativa de la escuela es tan amplia como inesperada. Junto a los clásicos cursos de panadería y pastelería —señas de identidad de la marca desde sus orígenes—, el programa incluye arroces, cocina asiática, bollería hojaldrada e incluso catas de vinos y quesos que se celebran en el local de Bordadores 9, un antiguo aljibe reconvertido en espacio gastronómico situado entre las calles de Sol y Ópera.

"Los cursos de arroces son los más demandados en la parte salada", revela Lucía. "La gente no le sale el arroz y viene a aprender". La pandemia, en ese sentido, actuó como un revulsivo: encerrada en casa, una generación entera redescubrió la cocina. El pan fue el gran símbolo de aquel momento, y el interés por hacerlo en casa no ha decaído desde entonces. "Si hacemos un curso de panes bao, que a lo mejor piensas que nadie va a hacer en casa y el curso se llena", señala.

 

Niños con “nivelón” y jubilados con tiempo libre

Uno de los aspectos más llamativos de la escuela es la diversidad de su alumnado. Los niños —entre 7 y 12 años— llenan los cursos con entusiasmo y un nivel que sorprende. "Aquí ya no va a haber ni bomberos ni policías, solo va a haber cocineros y pasteleros", bromea Lucía. Los cursos infantiles se completan tan rápido que muchos pequeños repiten temporada tras temporada.

En el otro extremo generacional, los recién jubilados se han convertido en otro perfil fiel de la escuela. "Te acabas de jubilar y ves que tienes esa necesidad: todos tenemos que comer todos los días. Aprendes, te sale más económico y es un buen hobby", explica la directora. La cocina, en este caso, funciona como punto de encuentro entre generaciones: no es raro ver a un abuelo acompañando a su nieto en un taller de fin de semana.

 

Teambuilding con delantal: la apuesta por las empresas

Hace tres años, coincidiendo con el periodo pospandémico, la escuela incorporó una línea de actividades para empresas que hoy representa uno de sus motores de crecimiento. La idea es tan simple como eficaz: reunir a equipos que apenas se conocen —muchos trabajan en remoto y solo se han visto por videollamada— en torno a una cocina para que colaboren, se rían y, de paso, aprendan a cocinar.

"Un buen equipo no te funciona si no está unido", afirma Lucía, que antes de dirigir la escuela trabajó como economista gestionando equipos. La actividad se imparte en castellano, inglés y francés, adaptándose a grupos internacionales donde el CEO puede ser de Nueva York y otro miembro del equipo estar en Valencia. "Nos cogemos los bártulos, los fuegos, y nos vamos a la empresa si hace falta", añade.

 

El sello de Madrid Excelente y el reto de la visibilidad

El año pasado, la escuela se incorporó por primera vez a la evaluación del sello Madrid Excelente, el mismo reconocimiento que avala al grupo Viena Capellanes en su conjunto. Una distinción que, según Lucía, refuerza la filosofía de empresa que impregna cada clase: "Satisfacción del cliente y excelencia en todo lo que hacemos".

De cara a los próximos meses, el principal objetivo de la escuela es ganar visibilidad. "Hay mucha gente que vive aquí al lado y no nos conoce", reconoce Lucía. "El noventa y tantos por ciento de los que vienen nos evalúan muy bien, y un altísimo porcentaje repite". La mejor carta de presentación, en definitiva, sigue siendo la misma que en 2013: "que el alumno se sienta como en casa. Su casa."

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