El banco y los hermanos Roca han reconocido la labor de diez productores

Ganadores de los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles de España de 2024

BBVA

7 de junio, 2024

El banco y los hermanos Roca han reconocido la labor de diez productores con el fin de poner en valor su compromiso con el medioambiente



La carne de cordero ecológica de María Pía Sanchez (Extremadura); la miel de albaida y flor de aloe vera de Atalaya Bio (Madrid); el aceite de oliva virgen extra corbella de Oli Migjorn y el vino tinto ecológico Clos Ancestral 2022 de la Familia Torres (Cataluña); el aliño Agraz Verjus Robles de Bodegas Robles (Andalucía); el agua de mar con azafrán ecológico de La Carrasca (Aragón); el minikiwi de Finca Terramor (Asturias); el chorizo de calabaza 100 % vegetal de Calabizo (Galicia); el aguardiente de orujo ecológico ‘Justina de Liébana’ de Orulisa (Cantabria); y el queso ecológico de Beato de Tábara (Castilla y León) se han convertido en los ganadores de los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles de España de 2024.

Por quinto año consecutivo, el banco y los hermanos Roca han reconocido la labor de diez productores con el fin de poner en valor su compromiso con el medioambiente y la producción inclusiva y responsable, además de que puedan servir de inspiración para otros emprendedores. En esta convocatoria, todas las regiones de España han tenido representación. Por comunidades autónomas, destaca Andalucía con el 20 % de las candidaturas, seguida de Cataluña (12 %), Castilla y León y Castilla-La Mancha (11,5 % respectivamente). En cuanto a los productos presentados –de 14 sectores diferentes– destacan las hortalizas y frutas de especies herbáceas; los vinos y derivados; los aceites y las grasas; las carnes y los huevos, así como las frutas de especies leñosas (de pepita, de hueso o los cítricos). Todos ellos aglutinan más del 70 % de los productos presentados por los agricultores, ganaderos y productores de alimentos en general.

Los productos premiados en esta edición, que cuentan con el certificado oficial de producción ecológica, formarán parte de una receta elaborada por los hermanos Roca, de un plan de difusión para dar a conocer sus historias y ponerles en el mapa de la producción de alimentos sostenible, así como de la posibilidad de optar a un premio extraordinario de 5.000 euros con motivo del quinto aniversario de los galardones. A finales de año el jurado elegirá entre los 46 ganadores de las cinco ediciones, al mejor productor sostenible de todas ellas para recibir ese reconocimiento. Con ello BBVA, junto a El Celler de Can Roca, busca apoyar a los pequeños productores que apuestan por la sostenibilidad como modelo de negocio.

En esta edición el jurado, formado por miembros de BBVA, El Celler y la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), ha valorado la incorporación de criterios medioambientales, sociales y de sostenibilidad económica en sus modelos de negocio. En concreto, aspectos como la disminución de la huella de carbono; la incorporación de medidas para mejorar la eficiencia energética durante los procesos de producción –tanto en materia de energía como de consumo de agua–; la gestión de los residuos, además de las medidas adoptadas en cuanto a inclusión social, el relevo generacional en la empresa y la importancia de la actividad como motor de desarrollo del entorno en el que producen.

 

Cinco años premiando los alimentos producidos con la sostenibilidad como eje

Desde que BBVA y El Celler de Can Roca decidieron lanzar los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles de España, cerca de 700 agricultores, ganaderos y productores de alimentos en general han presentado sus candidaturas a estos galardones. De ellos, 46 se han convertido en ganadores, lo que les ha permitido aumentar la producción y las ventas de los alimentos. Estos también les han dado la posibilidad de ampliar la actividad dentro de sus modelos de negocio –e incluso expandirse más allá de la frontera nacional–, además de lograr una mayor visibilidad de sus productos.

Con estos premios BBVA quiere reconocer la labor de emprendedores, pymes y empresas que apuestan por un modelo de negocio responsable. En cada edición de los premios, año tras año, se dan a conocer nuevas historias que pueden servir de inspiración para muchos otros. Negocios a los que la entidad  acompaña con sus equipos especializados en el sector y con soluciones específicas para ellos.

Por su parte, desde El Celler de Can Roca, Joan Roca, valora positivamente que “estos premios celebran la diversidad y el compromiso con la sostenibilidad en el sector agroalimentario, destacando desde pequeños productores autónomos hasta grandes empresas que han presentado una impresionante variedad de productos interesantes y versátiles, ideales para aplicarlos en la innovación gastronómica”.

 

El mapa de la producción sostenible

Desde 2016, María Pía Sánchez Fernández (Badajoz) ha transformado por completo la gestión de su dehesa, dedicada a la ganadería de ovino merino de raza blanca y negra, aplicando principios de la agricultura y ganadería regenerativas, la introducción de colmenas para mejorar la polinización y el abandono de la labranza tradicional. En su explotación, donde se aprovecha el agua de la lluvia y el sol para generar energía, las ovejas se alimentan de pastos y forrajes. También genera compostaje a partir de los residuos de la finca. Además, la lana de sus animales se comercializa a través del proyecto ‘Wooldreamers’, llegando a ser expuesta en el Museo MoMa de Nueva York.

Atalaya Bio (Madrid) destaca por su enfoque conservacionista y sostenible. Con una gran biodiversidad botánica de 357 especies en 490 hectáreas, esta empresa madrileña produce miel en una finca de Murcia, y lo hace a partir de la floración del aloe vera en un entorno natural protegido por la Red Natura 2000. El cultivo de esta planta es altamente eficiente en relación con la gestión del agua, ya que demanda siete veces menos que una hortaliza gracias a su gran adaptación al clima desértico cálido. Para que sea aún más eficiente, utilizan un sistema de riego sofisticado y practican la agricultura biodinámica, que mejora la retención de agua en el suelo. Atalaya Bio es también un referente regional en cuestión de sostenibilidad gracias a su colaboración en actividades medioambientales, como el censo de la Tortuga Mora o el anillamiento de las aves autóctonas.

Fundada en 1927 por el abuelo de los actuales propietarios, Bodegas Robles (Córdoba) experimentó un cambio significativo a finales de los 90, cuando la tercera generación asumió el liderazgo y decidió apostar por el retorno a los cultivos tradicionales. Esta empresa ha implementado medidas como la reducción del uso de envases, la promoción de elaboraciones de menor impacto ambiental, el uso de energías renovables, el reciclaje y el compostaje. Su catálogo incluye 21 tipos de vinos (generosos, espumosos, tranquilos, vermuts), así como vinagres, reducciones, gelatinas y mermeladas. Bodegas Robles destaca también por ayudar al mantenimiento de la población en el medio rural.

La impronta de la tercera generación de La Carrasca (Teruel) radica en su arraigo familiar por el cultivo tradicional de la zona, el azafrán, combinado con la innovación para crear nuevas elaboraciones –como el agua de mar con azafrán ecológico– que resalten todas las cualidades de esta especia. Para ello, han trabajado en la recuperación de su cultivo en los campos de Teruel. En su actividad, esta empresa genera la energía que necesita a través de paneles solares, recolecta el agua de lluvia y, además, reutiliza los pétalos de la flor del azafrán para elaborar joyas decoradas con ellos. También participan en proyectos que promueven proyectos de integración laboral de sectores vulnerables.

Orulisa (Santander), liderada por una segunda generación de mujeres, fue pionera en 1986 al convertirse en la primera destilería artesanal que utilizaba aparatos tradicionales de cobre para la obtención de aguardientes en el valle de Liébana. Desde 2016, apuesta por la producción ecológica, elaborando licores bajo su marca ‘Justina de Liébana’. Para ello, utilizan hollejos de uvas sin tratamientos químicos, además de miel y fruta local. También cuentan con un circuito interno de reutilización del agua en el proceso de producción. Mediante su actividad contribuyen a generar empleo y estabilidad en una zona donde la población es cada vez menor. Además, forman parte de asociaciones de pequeños agricultores que promueven la producción sostenible y el arraigo al territorio, y colaboran para sus envases con una entidad sin ánimo de lucro que emplea a personas en riesgo de exclusión social y familias desestructuradas de Cantabria.

En Sisiello (Gijón) se encuentra la finca Terramor, la única empresa dedicada a la comercialización de minikiwis (conocidos como kiwinos). Desde 2016, ha destacado por sus frutos recolectados con el doble de concentración de azúcares. La producción la realizan mediante la polinización natural de colmenas de apicultores locales, además de utilizar la energía solar para el funcionamiento de las instalaciones de la finca. Además, cuentan con un molino de viento – fabricado con elementos reutilizados– que incluye un sistema ‘furling’, el cual está conectado a una bomba de riego capaz de reducir su huella hídrica en torno a un 50 % de media. Su ‘packaging’ es 100 % libre de plásticos y prioriza la venta de kilómetro cero. Terramor pertenece, además, a la Asociación de Mujeres Campesinas de Asturias y colabora con proyectos sociales, educativos y medioambientales con el objetivo de ayudar a fijar a la población en el territorio.

Oli Migjorn (Barcelona), fundada en 2007, se dedica al cultivo de olivos y a la producción de aceite de oliva virgen extra ecológico. Su misión es la recuperación de la variedad local Corbella y la conexión con el territorio. Colaboran con el IRTA (Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria) para la investigación y desarrollo de esta especie de oliva, y participan en diversos proyectos para promover la venta de proximidad. La finca donde se produce el aceite utiliza el riego por goteo y la energía solar, y la empresa gestiona los residuos de manera controlada. Además, Oli Migjorn forma parte de iniciativas como el convenio con la Fundación Cardona Histórica –para el desarrollo territorial– y El Rebost del Bages, una agrupación voluntaria de 12 entes locales que tiene como objetivo fortalecer el tejido empresarial de productos alimenticios locales y de calidad de la demarcación de Barcelona.

La bodega Familia Torres, fundada hace 150 años y con raíces vitícolas en Vilafranca del Penedès (Barcelona) desde el siglo XVI, ha transmitido la pasión por el vino de generación en generación. En la actualidad, elaboran vinos de viñedos singulares y recuperan variedades ancestrales mediante viticultura regenerativa, consiguiendo rescatar la variedad ancestral Moneu. Además, colaboran en proyectos sociales y de cooperación en el territorio. A través de su Plan de transición NetZero, en 2020 lograron reducir un 30 % las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Su objetivo es disminuir al menos el 60 % de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por botella para 2030, con la meta de cero emisiones para 2040. Utilizan energía verde (solar y biomasa), gestionan el agua eficientemente y practican la agricultura regenerativa con cultivos de cobertura y rebaños de ovejas en los viñedos para fertilizar de forma natural.

Calabizo (Pontevedra) es una empresa cuya política de sostenibilidad se basa en tres pilares: 100 % materia vegetal, 100 % materia prima local o nacional, y procesos físicos sin aditivos. Además, en el proceso productivo de sus diferentes productos (como el calabizo, un chorizo de calabaza 100 % vegetal por el que han sido premiados) implementan prácticas para reducir el uso hídrico, reciclar residuos y mejorar la eficiencia energética, logrando reducir su consumo eléctrico en más de un 35%. Utilizan materiales libres de bisfenoles para sus envases, y sus secaderos cuentan con sistemas automáticos de climatización y dispositivos ahorradores de agua. Además, disponen de un sistema en el que los residuos se destinan a la alimentación de ganado local y donde la materia prima proviene de agricultores de la zona.

En Beato de Tábara (Zamora) producen lácteos ecológicos desde 2001 y están especializados en la elaboración de queso a partir de la leche de sus propias cabras. La alimentación de estos animales se basa en el pastoreo tradicional, con pastos naturales como gramíneas, leguminosas y arbustos, así como forrajes ecológicos propios y cereales de agricultores locales. La granja utiliza climatización pasiva y abrevaderos naturales para minimizar la gestión del agua, reutiliza el abono como fertilizante para sus cultivos, y el lacto suero de la quesería se emplea como alimento complementario para los animales. Esta empresa, que comercializa sus productos en el mercado local, apuesta también por el mantenimiento de la población rural en el territorio.

 


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