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Francisco Aranda Manzano: "Situación Actual"

UNO Logística

12 de abril, 2026

Hay crisis que se sienten primero en los titulares y otras que se perciben antes en la vida cotidiana



Francisco Aranda Manzano
Presidente de UNO, Organización Empresarial de Logística y Transporte

 

Hay crisis que se sienten primero en los titulares y otras que se perciben antes en la vida cotidiana. Pues bien, la actual escalada del precio del gasóleo pertenece claramente al segundo grupo. No hace falta analizar grandes informes macroeconómicos para entender lo que está ocurriendo: basta con mirar el precio de los alimentos, los plazos de entrega o el coste de cualquier producto básico. Por eso, nuestra petición como patronal ha sido no solamente que se implementara un nuevo paquete de ayudas al transporte sino que, además, el Gobierno esté muy atento para aplicar nuevas medidas si la situación desgraciadamente se mantiene. No se trata de una mera reclamación sectorial, sino de una petición transversal para toda nuestra economía porque la mayoría de sectores productivos son usuarios del transporte y, si no queremos que se produzca un insostenible incremento del coste de la vida para todos los ciudadanos, estas ayudas son imprescindibles.

Las medidas incluidas en el primer Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio fueron insuficientes y además llegaron tarde para muchas empresas del sector. El gasóleo incrementó su precio, lo hizo de forma acelerada, sostenida y con una incertidumbre que dificulta cualquier previsión empresarial. Y cuando el principal coste de un sector depende de un factor tan volátil, el margen para resistir se reduce rápidamente.

El transporte por carretera es uno de esos sectores que rara vez protagonizan el debate público hasta que algo falla. Sin embargo, es uno de los pilares más estratégicos ahora que el abastecimiento no está asegurado. Es el flujo sanguíneo de la economía real. Cada supermercado lleno, cada paquete entregado a tiempo o cada empresa que recibe materias primas depende de una cadena de suministro muy compleja compuesta por un tejido productivo que opera con márgenes muy estrechos. Por eso, cuando dijimos que algunas empresas podrían empezar a desaparecer si no se adoptaban nuevas medidas, no se trataba de una exageración retórica. Era una posibilidad real que ya empezaba a preocupar a autónomos, pequeñas empresas y operadores logísticos.

Esas primeras ayudas, como la bonificación de 0,20 euros por litro de gasóleo hasta el 30 de junio de 2026, alivian momentáneamente la situación, pero no resuelven el problema de fondo. El conflicto en Oriente Medio ha vuelto a demostrar que la dependencia energética sigue siendo uno de los puntos débiles de Europa y, por extensión, de España. Mientras esa dependencia continúe, el transporte será siempre el primero en sufrir las consecuencias de cualquier tensión internacional.

Afortunadamente, hemos logrado -entre todos- un segundo paquete de ayudas con el Gobierno. En concreto, se añade una medida adicional que facilita la modificación de la fórmula de revisión de los precios del transporte según la variación del precio del combustible. Además, la buena noticia es que la fórmula en cuestión no necesitará revisiones adicionales en futuras situaciones, ya que estará vinculada al precio del combustible antes de impuestos. De esta manera, la medida clarifica a futuro la fórmula de indexación según el precio del combustible; y nos debería evitar a las empresas de transporte la conflictividad de tener que llamar al Ministerio para revisarla cada vez que se produzca una situación de este tipo. La nueva medida también incorpora una nueva redacción del artículo 38 de la Ley 15/2009 del contrato de transporte terrestre de mercancías para reforzar que la aplicación de la fórmula sea automática y obligatoria.

También se ha acordado la obligación de desglosar en las facturas del transporte los ajustes por variación del precio del carburante.

Pese a esto, la comunicación con el Ejecutivo debe mantenerse para seguir perfilando ampliaciones del paquete de ayudas, ya que todavía echamos en falta la puesta en marcha de ayudas directas al sector. El Gobierno ya anunció una bonificación de 20 céntimos por litro de combustible, pero necesita la aprobación de un marco temporal de ayudas por parte de la Unión Europea. Y luego quedaría la parte que ha reclamado el sector de ayudas directas por camión o por vehículo ligero, que estarían pendientes igualmente de que, una vez que se abra por Europa la posibilidad de un marco temporal, se puedan aplicar otra serie de medidas concretas para el sector de transporte.

Esta crisis ha llegado en un momento especialmente delicado. Muchas pequeñas y medianas empresas todavía no han terminado de recuperarse del impacto económico de los últimos años. Primero fue la pandemia, después la inflación, luego la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania y ahora una nueva escalada del combustible ligada a la tensión en Oriente Medio. La acumulación de crisis ha dejado a muchas empresas sin margen de resistencia.

En este sentido, es imprescindible apoyar ahora al sector del transporte y la logística, que ha demostrado una capacidad de adaptación extraordinaria. Frente a un escenario de cambios permanentes, las empresas han aprendido a anticiparse, rediseñar rutas, diversificar riesgos y convertir la incertidumbre en una variable más de gestión. Atrás queda la imagen de un sector vinculado únicamente al movimiento físico de mercancías.; hoy hablamos de un ecosistema avanzado que gestiona datos sobre hábitos de consumo, transforma esa información en conocimiento útil y diseña cadenas de suministro cada vez más inteligentes, resilientes y capaces de reaccionar incluso ante cambios imprevistos. Esa lógica de anticipación –la estrategia just in case– se ha convertido en una ventaja competitiva imprescindible.

En definitiva, no es casualidad que las empresas logísticas se hayan convertido en verdaderas compañías tecnológicas, utilizando big data, inteligencia artificial y automatización para gestionar procesos en tiempo real y optimizar cadenas de suministro cada vez más complejas. En un contexto en el que el abastecimiento ya no puede darse por garantizado, la logística se reafirma como una actividad estratégica y de alto valor para toda la economía. Apoyar al transporte hoy no es solo una respuesta coyuntural a la crisis del combustible, sino una apuesta decisiva por la competitividad nacional y por la capacidad del sector de seguir impulsando al resto de sectores productivos.


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