Kilian Zaragozà:"La nueva materia prima del siglo XXI no son los alimentos: son los excedentes"
Naria
26 de julio, 2026
Durante décadas, la economía ha funcionado bajo una lógica sencilla: producir más para crecer más
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Kilian Zaragozà
CEO y cofundador de Naria
Durante décadas, la economía ha funcionado bajo una lógica sencilla: producir más para crecer más. Sin embargo, en un contexto marcado por la presión sobre los recursos, la volatilidad de las cadenas de suministro y la necesidad de mejorar la productividad, empieza a abrirse paso una pregunta diferente: ¿y si parte del crecimiento estuviera en aprovechar mejor lo que ya producimos?
La magnitud del reto es considerable. Solo en España, durante 2024 se desperdiciaron 1.125 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas, según el Ministerio de Agricultura. Aunque la cifra representa una reducción del 4,4% respecto al año anterior, sigue significando que 3,7 de cada 100 kilos o litros adquiridos terminan en la basura.
Estas cifras reflejan una realidad que va mucho más allá del ámbito alimentario. Durante demasiado tiempo hemos considerado los excedentes como una consecuencia inevitable de la actividad económica. Un coste asumido. Algo que gestionar una vez producido. Sin embargo, esa visión empieza a quedarse obsoleta. Lo que antes era un residuo hoy puede convertirse en un activo capaz de generar valor económico, social y ambiental.
El sector alimentario ofrece uno de los ejemplos más evidentes. Mientras empresas y consumidores afrontan el incremento de costes en toda la cadena de valor, millones de toneladas de alimentos perfectamente aptos para el consumo siguen perdiéndose cada año. Una paradoja que no solo tiene implicaciones éticas o medioambientales, sino que representa una enorme ineficiencia económica.
A nivel europeo, el desperdicio alimentario tiene un valor estimado de 132.000 millones de euros anuales. Una cifra que debería hacer reflexionar a cualquier organización que aspire a mejorar su competitividad en un entorno donde cada punto de margen cuenta. La verdadera cuestión ya no es cuánto desperdiciamos, sino cuánto nos cuesta seguir desperdiciando.
En los últimos años, las empresas han realizado importantes esfuerzos para optimizar procesos, digitalizar operaciones y mejorar la productividad. Sin embargo, muchas siguen sin analizar con suficiente profundidad el valor que se pierde en productos, materiales o recursos que nunca llegan a cumplir su propósito final.
Es aquí donde los excedentes adquieren una nueva dimensión estratégica.
La economía del futuro no se construirá únicamente sobre la capacidad de producir más, sino sobre la capacidad de aprovechar mejor. Las organizaciones más competitivas serán aquellas capaces de identificar, medir y gestionar los recursos infrautilizados que existen dentro de sus propias operaciones.
Esta transformación ya está ocurriendo. La combinación de tecnología, trazabilidad y análisis de datos permite hoy conocer con precisión dónde se generan excedentes, por qué se producen y cómo pueden reincorporarse a circuitos de valor. Lo que antes resultaba complejo o costoso ahora puede gestionarse de forma eficiente y escalable.
Además, el contexto regulatorio y financiero está acelerando este cambio. La reciente aprobación de la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario en España refleja una tendencia que irá ganando peso en los próximos años: las empresas deberán demostrar una gestión cada vez más eficiente de sus recursos y una mayor capacidad para reducir pérdidas evitables.
Los inversores también están elevando el nivel de exigencia. La sostenibilidad ya no se mide únicamente por las intenciones o los compromisos declarados, sino por la capacidad real de generar impacto medible. Y pocas métricas reflejan mejor la eficiencia de una organización que su capacidad para aprovechar al máximo los recursos que ya tiene a su disposición.
En este escenario, los excedentes dejan de ser un problema operativo para convertirse en un indicador de competitividad.
Las compañías que aprendan a gestionarlos mejor no solo reducirán costes. También fortalecerán sus cadenas de suministro, mejorarán sus indicadores de sostenibilidad y estarán mejor preparadas para un entorno donde la eficiencia será uno de los principales factores de diferenciación.
Durante años hemos buscado nuevas fuentes de materias primas, nuevas tecnologías y nuevos mercados para sostener el crecimiento. Quizá haya llegado el momento de prestar más atención a aquello que ya tenemos delante.
Porque una parte importante de la economía del siglo XXI no dependerá únicamente de producir más recursos, sino de evitar que los recursos existentes se pierdan por el camino.
Y en esa nueva economía, los excedentes dejarán de ser residuos para convertirse en una de las materias primas más valiosas de nuestro tiempo.
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