Lola Merino Chacón, presidenta de AMFAR

Lola Merino Chacón: "Sin mujeres, el campo no avanza. Con ellas, sí hay futuro"

AMFAR

23 de noviembre, 2025

Las mujeres durante décadas han sido la fuerza silenciosa que ha mantenido vivas las explotaciones agrarias



Lola Merino Chacón
Presidenta de AMFAR Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural


Las mujeres se han convertido en un pilar imprescindible para el futuro del campo español. Durante décadas han sido la fuerza silenciosa que ha mantenido vivas las explotaciones agrarias, las tradiciones, los cuidados y la cohesión territorial. Sin embargo, su papel no siempre ha tenido el reconocimiento, la proyección ni el apoyo institucional que merecen. Por ello, analizar y hablar de su situación en el sector agrario no es solo una cuestión de justicia, sino una condición indispensable si queremos garantizar el futuro del campo español. Agradezco a la Revista Alimentaria la oportunidad que me brinda de abordar un tema tan estratégico y urgente.

Hoy en España, una de cada tres explotaciones agrarias está gestionada por una mujer, según los datos que recoge la Encuesta sobre la Estructura de las Explotaciones Agrícolas. Una cifra relevante, pero insuficiente para un sector que pide a gritos renovar sus bases.

Además, esta cifra revela un desequilibrio persistente: la mayoría de estas explotaciones son más pequeñas, menos rentables y con mayores dificultades para modernizarse. Todavía hoy, el tamaño medio de las explotaciones dirigidas por mujeres es muy inferior al de las dirigidas por hombres, lo que repercute en su acceso a ayudas y financiación.

A esto se suma un problema estructural que apenas ha variado con el paso de los años: la infrarrepresentación de las mujeres en la propiedad de la tierra. Aunque desde 2011 existe la figura jurídica de la Titularidad Compartida, defendida y aprobada a propuesta de AMFAR y que debería ser una herramienta eficaz para reconocer la labor “copartícipe” de las mujeres en la explotación familiar, apenas representa el 0,6 % de las explotaciones. Esto significa que demasiadas mujeres continúan trabajando en el campo sin prestaciones sociales, sin derechos económicos propios y sin acceso directo a las ayudas públicas. 

Si analizamos ahora la participación de las mujeres en el empleo que genera el sector agrario, vemos que representan en torno al 31 % del empleo agrario, un dato que evidencia la masculinización histórica del sector. A ello se suma la persistente brecha salarial, que se traduce en un 3,2% menos de salario en contratos indefinidos y un 7,6 % menos en temporales respecto a los hombres.

Otro desafío al que nos enfrentamos es el relevo generacional. El campo español envejece, y la incorporación de mujeres jóvenes es escasa. El porcentaje de mujeres titulares menores de 40 años es extremadamente bajo, ya que no llega al 3 %. Esta falta de continuidad amenaza la futura viabilidad de numerosas explotaciones y exige políticas más ambiciosas: facilitar el acceso a la tierra, incentivar la modernización, simplificar los trámites administrativos y mejorar la financiación específica para mujeres emprendedoras.

La solución no pasa únicamente por medidas agrarias. El arraigo de las mujeres al territorio requiere de la existencia de servicios públicos sólidos: transporte, sanidad, educación, escuelas infantiles, acceso digital y recursos para el cuidado de personas dependientes (hijos, mayores, enfermos...). Sin servicios esenciales, resulta imposible conciliar la vida profesional y familiar, y por tanto, es inviable garantizar su permanencia en el ámbito rural.

Pese a los obstáculos, que no son pocos, las mujeres están liderando una transformación silenciosa pero profunda del agro español. Destaca su papel en sectores emergentes como el emprendimiento agroalimentario, el agroturismo o proyectos innovadores de transformación y comercialización. Allí donde una mujer impulsa una iniciativa agraria, suele generarse empleo, se fija la población, se dinamiza el municipio y se fortalece la sostenibilidad del entorno.

Por lo tanto, la igualdad no puede ser un objetivo retórico en el sector agrario, sino una prioridad estratégica. Es necesario aprobar una PAC que impulse la incorporación real y efectiva de mujeres y jóvenes; de la misma manera que la Titularidad Compartida debe reforzarse como herramienta prioritaria. Se necesitan servicios sociales dignos en el ámbito rural, programas de formación y digitalización, mejorar las ayudas dirigidas a mujeres y eliminar las barreras burocráticas que frenan su crecimiento profesional.

El futuro del campo español pasa, inevitablemente, por las mujeres. Reconocer su trabajo, garantizar su acceso a los recursos y promover su liderazgo no es solo justo: es inteligente, necesario y urgente. Sin mujeres, el campo no avanza. Con ellas, sí hay futuro.

 


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